Una de las paradojas químicas más sorprendentes en piscinas es la creencia de que el fuerte olor a cloro y el ardor en los ojos se deben a un exceso de cloro en el agua. La realidad científica es exactamente la opuesta: ese olor penetrante indica la presencia masiva de cloraminas (cloro combinado) y revela una falta crítica de cloro libre activo.Cuando el cloro libre (ácido hipocloroso, HClO) reacciona con materia orgánica nitrogenada introducida por los bañistas (sudor, restos de orina, saliva, cosméticos y urea), el cloro oxida los grupos amino formando cloraminas: monocloramina (NH2Cl), dicloramina (NHCl2) y tricloramina (NCl3).Las cloraminas tienen un poder desinfectante hasta 80 veces inferior al cloro libre, pero son extraordinariamente irritantes para las mucosas oculares y el tracto respiratorio. El cloro total medido con reactivo DPD es la suma del cloro libre y el cloro combinado (Cloro Total = Cloro Libre + Cloro Combinado).El Real Decreto 742/2013 estipula que en piscinas de uso público o privado comunitario, el cloro combinado nunca debe superar los 0.6 mg/l (ppm), recomendándose mantenerlo por debajo de 0.2 ppm.Para erradicar las cloraminas, se debe alcanzar el "punto de ruptura" (breakpoint chlorination): aplicar una cloración de choque multiplicando por 10 el nivel de cloro combinado medido, oxidando las cloraminas en gas nitrógeno inofensivo que se evapora al aire.