La radiación ultravioleta del sol degrada el cloro libre activo a velocidad vertiginosa: en un día soleado de verano, hasta el 90% del cloro libre se descompone y evapora en menos de dos horas por fotólisis solar.Para proteger el cloro del sol, las pastillas compactas de cloro lento (tricloro o ácido tricloroisocianúrico) y el cloro rápido (dicloro) contienen ácido cianúrico (CYA), un compuesto cíclico que se une reversiblemente al cloro libre formando un complejo estable resistente a los rayos UV.Sin embargo, el ácido cianúrico presenta un grave problema de acumulación acumulativa: el cloro se consume y desinfecta, pero el cianúrico NUNCA se degrada ni evapora, permaneciendo en el agua para siempre.A concentraciones óptimas (20 a 30 ppm), protege el cloro eficientemente. Pero tras dos o tres veranos usando pastillas de tricloro sin renovar agua, el cianúrico supera los 75-100 ppm, provocando el fenómeno conocido como "bloqueo del cloro" (chlorine lock): el cianúrico secuestra los iones hipoclorito tan fuertemente que el cloro ya no puede atacar bacterias ni algas. El agua se torna verde fosforito a pesar de que los analizadores marquen 3 o 4 ppm de cloro total.El Real Decreto 742/2013 fija el límite máximo legal de ácido cianúrico en 75 ppm. No existe ningún producto químico capaz de destruir el cianúrico: la única solución técnica consiste en vaciar entre un tercio y la mitad del volumen de la piscina y rellenar con agua de red limpia.